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Tratamiento de las venas que cambia vidas

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Judith Divvens no es ajena a los procedimientos médicos. A partir del 2010, empezó a acumular cirugías como un jugador de béisbol acumula estadísticas. Ha atravesado por fusiones de las vértebras (dos veces), le han reparado el manguito rotador, la ha operado del coxis y le reemplazaron una rodilla. Cuando ella y su esposo, un veterano militar, se mudaron a San Antonio desde Carolina del Norte en el 2018, aprovecharon los inviernos más cálidos y la gran cultura.

Sin embargo, Judy empezó a sufrir dolores muy intensos en el cuello, los cuales condujeron a otra cirugía. Durante esos procedimientos médicos, Judith subió de peso, y este cada vez era más difícil de bajar. Judith solicitó el consejo de un médico que le recetó pastillas diuréticas, pero ella seguía reteniendo líquido que no podía eliminar, y sus piernas y su abdomen no paraban de hincharse. Después de casi seis años tomando pastillas diuréticas, un día le costó mucho caminar desde su habitación hasta el baño y se desplomó en el piso. Los paramédicos que la atendieron ese día dijeron que básicamente estaba muerta. Tenía los labios azules, no respiraba y no tenía pulso. El equipo médico le desfibriló el corazón y determinó que todo el exceso de líquido había llegado a sus pulmones y que prácticamente se estaba ahogando.

Después de una estadía de cuatro días en el hospital bajo la atención de un cardiólogo, bajó gran parte del peso debido al líquido acumulado, pero volvió a subirlo con mayor intensidad. Finalmente, se determinó que lo que le causaba la hinchazón no era agua, sino líquido linfático. Años de tratamiento con pastillas diuréticas habían dañado sus riñones y otros órganos, y Judith, que mide 5 pies con 10 pulgadas, llegó a pesar 260 libras a causa del linfedema. El líquido linfático de desecho en su cuerpo no podía eliminarse debido a la mala circulación. Como consecuencia, Judith estaba en la primera etapa de insuficiencia cardíaca congestiva y en la tercera etapa de enfermedad renal.

“Ni siquiera teníamos vida, no podíamos hacer nada divertido”, comentó Judith. “Lo único que podía hacer era salir de la cama, sentarme todo el día y hacer pipí en un inodoro portátil junto a la silla. Hasta para eso necesitaba ayuda. Mi esposo tenía que voltearme como un tronco para que pudiera moverme. Muchas veces, cuando me iba a dormir, pensaba en qué hacer para no volver a despertar. Estaba deprimida. No podía subirme a un avión para ver a mi familia”.

Una de las señoras de su residencia para adultos mayores les habló a Judith y a su esposo sobre Medical Vein Clinic™, y ella pidió una cita con uno de nuestros especialistas certificados en enfermedades de las venas y los vasos linfáticos. Antes de poder tratarle las venas, necesitaba eliminar parte del líquido. Nuestro equipo la envió a un masajista capacitado que le enseñó a envolverse las piernas desde la parte superior de los muslos hasta los dedos de los pies para ayudar a que el líquido circulara por el cuerpo.

Después de bajar 20 libras, un médico de Medical Vein Clinic™ empezó a trabajar en sus piernas con equipos de ultrasonido avanzados para localizar con precisión las venas dañadas que necesitaban tratamiento. Judith recibió un total de cuatro tratamientos a lo largo de dos meses para cerrar las venas que no estaban funcionando y redirigir la circulación hacia las venas sanas. Los expertos de Medical Vein Clinic™ le informaron que pasarían de ocho meses a un año, más o menos, para que las nuevas venas empezaran a funcionar y a eliminar el exceso de líquido.

“Pero qué sorpresa”, compartió Judith, “cuando un día me desperté, como un año y medio después, y mi cuerpo tenía verdaderas ganas de caminar. Empecé a hacer cosas activas, a ir de crucero, a disfrutar de la vida. Pasé de 260 libras a 198 libras y de usar ropa talla 5X a una talla 18. ¡Recuperé la memoria, mi circulación ya funciona y ahora puedo mantener el peso! Ya no tengo insuficiencia cardíaca congestiva. Después de que mi organismo tuvo la oportunidad de liberar todas las toxinas que tenía acumuladas, ahora puedo ir al gimnasio, nadar y caminar”.

Judith cree que todas sus cirugías le causaron el linfedema. “El cuerpo pasa por mucho estrés. Cualquier cosa que le cause estrés al cuerpo va a provocar eso”. Hoy, en sus setenta, está sana y devolviendo el favor. Lideró con éxito una iniciativa legislativa para que Medicare y TriCare reembolsen a los pacientes con linfedema los insumos médicos necesarios para envolverse las piernas. Esto asegurará de que no tengan ningún obstáculo para recibir la atención que tanto necesitan.

Ahora anima a otras personas con linfedema a recibir los procedimientos y tratamientos. “¡Es todo un proceso, pero vale la pena!”

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